Tanatofobia: una sombra en el alma
Hay quienes experimentan un miedo persistente, irracional y desbordante hacia la muerte o el proceso de morir.
Leer másLos otomíes son un pueblo indígena del Estado de México que se autodenomina Hñä Hñü, término que significa “hablantes de otomí” o “gente otomí”.
En el Códice Xólotl, del náhuatl, se encuentran las raíces otocac “el que camina”, mitl “flecha” y totomitl “flechador de aves”; de esta manera, los otomíes han sido definidos como “cazadores que caminan cargando flechas”.
Actualmente habitan en 14 de los 125 municipios del Estado de México, entre ellos: Toluca, Temoaya, Jiquipilco, Morelos, Otzolotepec, Chapa de Mota, Lerma, Aculco, Amanalco, Xonacatlán, Timilpan, Zinacantepec y Huixquilucan.
Se trata de un pueblo con un profundo sincretismo y una riqueza histórica y cultural que se fundamenta en sus sistemas normativos, cosmovisión, usos, costumbres y tradiciones.
Estos elementos constituyen los pilares de su identidad, que les permite vivir, perpetuarse y recrearse con orgullo y dignidad. Entre sus creencias se encuentran el culto a los muertos, el nahualismo, la causalidad de las enfermedades y diversos aspectos de la cosmogonía hñä hñü.
Una de sus festividades más importantes es el culto a los muertos, celebrado con entusiasmo y marcado por un gran despliegue culinario. En estas fechas, los difuntos se convierten en el eje central de los hogares otomíes. La festividad incluye prácticas religiosas y rituales que abarcan desde la recepción y despedida de las ánimas, la colocación de ofrendas, el arreglo de tumbas y la velación en los cementerios.
Con el tiempo, se han añadido otros elementos: los artesanos elaboran figuras y accesorios de alfeñique, como gallinas, puerquitos, borregos y dulces de azúcar que simbolizan el sentir del mexicano frente a la muerte y que se colocan en las ofrendas para que los difuntos lleven algo dulce a su tránsito en el más allá.
Esta celebración es un tiempo de alegría, reunión familiar, respeto y atención hacia los visitantes que regresan cada año para convivir con sus familiares vivos. La comunidad otomí tiene muy arraigada la creencia de que, si alguien no recibe a sus muertos de acuerdo con las costumbres, será castigado y juzgado al momento de su muerte.
Las familias se preparan con anticipación para la festividad. Días previos adquieren ceras, veladoras, platos, jarros, petates e incienso. Durante la celebración, acuden al mercado por pan, flores, frutas de temporada y todo lo necesario para elaborar los alimentos preferidos de sus difuntos. Una característica distintiva de la ofrenda otomí es que se coloca sobre un petate en el suelo, como símbolo de respeto y autoridad; en general, no se incluyen adornos ni imágenes religiosas.
La cosmovisión otomí está estrechamente ligada a la naturaleza: la tierra es considerada madre, el agua es fuente de vida, el viento es transmisor de energía y el fuego (el sol) representa calor y fuerza vital. Antes de instalar la ofrenda, las familias limpian su casa y preparan el espacio. Se deshojan flores de cempasúchil y sus pétalos se esparcen formando caminos que simbolizan la alegría de recibir a los difuntos. Se encienden sahumerios con copal para purificar el ambiente, mientras que el vaso de agua ocupa un lugar fundamental para saciar la sed de las almas tras su largo recorrido.
La encargada de iniciar la ofrenda suele ser la mujer mayor de la familia —la suegra, la madre o la esposa, quien comienza colocando agua y sal.
Además de preparar la ofrenda, los otomíes limpian los sepulcros y doblan las campanas de la iglesia para guiar a las almas hacia su destino. En algunas comunidades, la noche del 1° de noviembre se realiza una velación en el cementerio: las familias permanecen allí toda la noche rezando, cantando y conviviendo, en un ambiente considerado mágico, donde vivos y muertos se encuentran.
El 2 de noviembre, los otomíes recogen las ofrendas y llevan las flores al panteón. La fruta y los alimentos se reparten entre los familiares, quienes conviven en el cementerio compartiendo la comida con sus difuntos.
Festejar el Día de Muertos es, para los otomíes, una tradición profundamente significativa que forma parte esencial de su identidad cultural. Esta celebración, llena de experiencias y conocimientos ancestrales, nos conecta con el pasado y representa el legado de las generaciones que se van sucediendo. A pesar de los cambios y de la urbanización, los pueblos originarios continúan alimentando sus rasgos culturales y su sentido de identidad.
Espinosa, RA (2013). Otomíes en el Estado de México. [Archivo PDF] Repositorio del IIS-UNAM. https://acortar.link/lHbEqC
Prado, Brian (noviembre 2024). Otomíes, una cultura que llevaba pertenencias al más allá. La Jornada Estado de México. https://acortar.link/quaDjo
Reyes, Karina (octubre 2021). Celebración del Día de Muertos en la cultura otomí temoayense. El objetivo observador del Estado de México. https://acortar.link/Nq3DaB
Vázquez Vázquez, Emma Alicia (octubre 2013). Día de Muertos: tradición ancestral del Estado de México [Archivo PDF] https://acortar.link/Jrb5Ni
Hay quienes experimentan un miedo persistente, irracional y desbordante hacia la muerte o el proceso de morir.
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